Señoras y señores, hemos presenciado los mejores 35 minutos del Manchester United en los últimos dos meses, y lo hemos hecho en una noche de Champions League en Old Trafford. Fueron destellos del United que queremos ver durante los 90 minutos de cada partido: un equipo con ganas de comerse al rival, confianza para jugar bien, convicción para hacerle daño y la personalidad necesaria para demostrar por qué estos futbolistas eligieron competir en la élite.
Ahora bien, no podemos dejarnos llevar por el resultado, porque, al final, eso es lo que fue: un resultado. Si analizamos el partido en su conjunto, el primer tiempo fue un completo desastre en términos de funcionamiento defensivo, propuesta táctica y despliegue físico. La Roma encontró una resistencia prácticamente inexistente en la defensa del United y, al minuto 18, ya ganaba por dos goles.
«Una golondrina no hace verano», dicen por ahí. El verano llegará cuando encontremos una secuencia de buenos resultados, buen juego, regularidad y muestras constantes del talento de nuestros jugadores. Realmente no pedimos demasiado: apenas queremos recuperar la regularidad que vimos entre enero y mayo de 2026. Y esta plantilla no debería sentirse ajena a ese nivel, porque la mayoría de sus integrantes estuvieron allí.
Pero ya hemos hablado suficiente de lo deficiente que puede llegar a ser la plantilla actual del Manchester United. Hoy toca disfrutar este momento, atesorar esta victoria como si fuera algodón de azúcar en medio del océano, levantar la cabeza y llevar con orgullo el escudo del club mientras esperamos el próximo partido.
Soy un convencido de que este tipo de acontecimientos pueden generar cambios en las comunidades. Eso mismo espero que ocurra con este plantel: que sus integrantes comprendan que es posible jugar bien, ganar incluso cuando las circunstancias son adversas y competir con la convicción de que no hay rival fácil, pero tampoco imposible. Si hay un club que sabe dar golpes sobre la mesa cuando nadie lo espera, ese es el Manchester United. Que se lo pregunten al PSG, al Manchester City, al Liverpool o al Arsenal, equipos que se han enfrentado a nuestro club en momentos oscuros y han terminado con las manos vacías, incluso jugando en sus propios estadios.
Tampoco podemos olvidar que los directivos que han tomado decisiones cuestionables siguen ocupando sus puestos. Ojalá la situación deportiva mejore, porque eso también podría favorecer que los próximos movimientos en el mercado, tanto las llegadas como las salidas, contribuyan a fortalecer al club y no a debilitarlo todavía más.
Se vienen nuevos exámenes. Un Aston Villa golpeado y un Liverpool que empieza a encontrar su sistema de juego, a pocos meses de haber afrontado un cambio en su dirección técnica, serán los próximos rivales que pondrán a prueba la capacidad de este equipo para sostener lo que vimos en Old Trafford.
Finalmente, espero que no sea Shea Lacey quien tenga que cargar con el peso de este plantel. Esa no es su responsabilidad; les corresponde a los futbolistas experimentados del primer equipo. Son ellos quienes deben dar ejemplo de carácter, liderazgo y compromiso a los jóvenes que vienen detrás. Sin duda, los canteranos son piezas estratégicas, ases bajo la manga que pueden marcar diferencias, pero nunca deben convertirse en la primera solución a los problemas de un equipo que cuenta con jugadores consolidados para asumir esa responsabilidad.
Ahora toca prolongar esos 35 minutos de Champions en los próximos partidos, encontrar ese ritmo de eficacia y convicción y, sobre todo, mantenerlo para sacarle el máximo provecho. Que cada jugador encuentre su mejor versión y ocupe la zona del campo en la que pueda aportar más al equipo —Dalot, tu puesto está en la defensa, no en la delantera mirando cómo se desarrolla el juego—. Que jueguen con inteligencia, potencien sus virtudes y entiendan que el rendimiento individual debe estar al servicio del colectivo.
Queremos volver a ver y disfrutar del Manchester United que todos soñamos. Estos 35 minutos nos recordaron que todavía es posible. Ahora falta demostrar que no fueron una excepción.

